Las elecciones presidenciales convocadas para el 14 de Abril tras
decretarse la falta absoluta del Presidente de la República merecen unas
cuantas consideraciones. Primero, es de hacer notar que el cierre de campañas y
la víspera de las elecciones se verán marcadas por la imperdible celebración
del retorno de Chávez a Miraflores el 13 de Abril de 2002, una especie de
efeméride para sus seguidores. Si el Consejo Nacional Electoral las convocó
para esta fecha por esta razón, lo desconozco, pero si es altamente sospechoso.
Segundo, hagamos algo de historia para recordar y reconocer errores
cometidos durante elecciones pasadas. Hugo Chávez, fue un formidable
adversario, invicto en todos los procesos electorales celebrados durante la
Quinta República, a excepción de dos comicios de naturaleza no presidencial.
Existe evidencia que pareciera comprobar empíricamente que su conexión con el
Pueblo era exclusivamente populista, es decir, el aumento estrafalario del
gasto público en años electorales dirigido a mejorar la percepción de una
“buena situación” era lo que le valía los votos en elecciones. Sin embargo, eso
sería, a mi parecer, negar que el Presidente Chávez obtenía la simpatía de sus
seguidores por el mensaje que transmitía y su particular carisma.
La naturaleza del liderazgo que Hugo Chávez ejerció sobre todo el Pueblo
venezolano, tanto oficialista como opositor, no puede ser pasado por alto. Dick
Morris, en su bestseller “El Nuevo
Príncipe”, dedica páginas a explicar por qué el mensaje es más valioso que el
dinero en campañas electorales. Si bien Morris dirigió campañas ganadoras en
los Estados Unidos, en Venezuela hubiese perdido estrepitosamente las
elecciones. En los Estados Unidos, el electorado no es solo mucho más maduro
que el venezolano al momento de debatir cuestiones de la agenda pública, sino
que sabe interpretar la inmensa cantidad de información con la que los medios
de comunicación los bombardean diariamente. En Venezuela, el electorado es
bombardeado a cada segundo por medios de comunicación que se dedican, más que a
dar información, a crear una cerrada matriz de opinión. Son los casos del canal
más visto en manos del Estado, Venezolana de Televisión, y el canal de noticias
privado, Globovisión.
Debemos reconocer el peso del mensaje que transmitía Hugo Chávez si el
objetivo es derrotar a sus herederos políticos.
Tercero, aunado al mensaje ideológico y el fantasma de un dogma que hace
ciegos a sus seguidores a muchas cuestiones, está el constante recordatorio de
lo que fue la oposición venezolana de hace diez años. Yo me niego a llamar
ignorante a un Pueblo que tenía todo el derecho de desterrar a la política de
la Cuarta República, y tampoco considero la superación un crimen. Si bien la
carrera política de Nicolás Maduro, heredero de Chávez, careció de méritos para
su vertiginoso ascenso, el haber sido chofer de Metrobus no lo hace menos digno
que Henrique Capriles de ejercer la Presidencia. Los argumentos de la oposición
deben dejar por fuera el complejo de superioridad y los insultos, de lo
contrario estaremos fortaleciendo el dogma que Hugo Chávez acentuó en la clase
social que predomina en Venezuela.
Cuarto, no solo está la cuestión de la Cuarta República, está la cuestión
de la oposición golpista. Todos los improperios lanzados a diestra y siniestra
contra los dirigentes de oposición (fascistas, golpistas, imperialistas,
saboteadores, etc.) están de alguna forma justificados por el comportamiento de
dicha resistencia durante los primeros años del Gobierno del Presidente Chávez.
Aquella oposición, de la que debemos distanciarnos, jugó en el año 2002 al
intervencionismo norteamericano cuando en Abril de ese año pretendieron romper
con el hilo constitucional del Poder. El fantasma de esos errores aún se cierne
sobre la credibilidad de la dirigencia opositora, y esto promueve lo que Juan
Vicente León muy bien reflejaba en un artículo publicado en la página web de El
Universal, parte de un especial sobre el Presidente Chávez. En el referido
texto, León cuenta que al momento previo a la publicación de unas encuestas fue
al Zulia a chequear el trabajo de campo, y que le bastó con una conversación
que tuvo con una señora en un ranchito de Maracaibo para comprender la situación:
“Le pregunté si había sido encuestada, y me dijo que sí. ¿Por quién va a votar?
Por Chávez. ¿Por qué? Pa’ que se fuñan. ¿Quiénes? Los de arriba, que son
culpables de lo que nos pasa aquí.” Consignas como “No volverán” alimentan el
resentimiento de esa clase cuyo máximo móvil es que aquellos “se fuñan”, y que quieren
ver a sus adversarios derrotados, “pulverizados”.
Tras la huelga petrolera, el golpe de Estado, las denuncias de fraudes
electorales, y la permanente guerra económica que aqueja al sector público fue
lo que radicalizó el régimen chavista. Chávez dejó de ser el civil con el que
había llegado al Poder y se aferró, hasta el día de su muerte, al militar que
se formó para ser. Nada escapaba de su control. Leyes habilitantes,
centralización, decretos inconstitucionales, expropiaciones, todo parecía
atender a la voluntad de un solo hombre. Alcahueteado por un estamento militar
complacido con su nuevo estatus y sueldo abominable, y una sociedad que
justificaba los medios para acabar con una amenaza que sembraban cada vez más profundo
en sus mentes.
Quinto, Nicolás Maduro está montado sobre una ola, no anti sistema como
aquella que llevó a Chávez al Poder, sino una de duelo que, potenciada por el
inmenso aparato del Estado, puede llevar a catapultarlo hasta la Presidencia de
la República. El flagrante desvío del erario público que se evidencia con la
campaña que se hace a las afueras de las sedes de compañías de la
administración pública como el SENIAT y PDVSA, entre otras cuestiones, es la
razón por la que el Partido Socialista Unido de Venezuela no necesita una casa
del pueblo en cada localidad del país. Cada MERCAL, cada taquilla de CORPOELEC,
cada agencia del Banco Bicentenario, puede muy fácilmente servir de punto rojo
para hacer campaña por el candidato del oficialismo. Nos enfrentaremos
nuevamente a todo el abuso de Poder y de recursos del que es capaz este
Gobierno, pero Maduro aún se ve en claros aprietos.
Con una especie de Junta Cívico Militar que lo soporta, Maduro muy
difícilmente podrá llegarle siquiera por los talones al líder que fue el
Presidente Chávez. El carisma, el liderazgo, y sobre todo, los votos, son
cuestiones que no se endosan fácilmente. Además, el eventual espectáculo
mediático que se transmitía, a veces en cadena nacional de radio y televisión,
para distanciar a Chávez de los problemas del país, pone en evidencia a su
gabinete, incluyendo a Maduro, y llegó a generar en la población el famoso
argumento de que “Chávez es bueno, los culpables son los inútiles que lo
rodean.” Rueda video tape: http://www.youtube.com/watch?v=CdBiM80_ius
Sexto, Henrique Capriles Radonski, cuenta con una base electoral de poco
más de 6 millones y medio de votantes propios.
Sería absurdo asumir que tanto esos electores, como los 8 millones que votaron
por Hugo Chávez (no por Nicolás Maduro) en las elecciones presidenciales del 7
de Octubre, asistirán íntegramente a votar el 14 de Abril de este año. Pero
podemos predecir una inmensa abstención que históricamente beneficia a la
oposición en elecciones de esta naturaleza. Mientras que hay una alta
posibilidad de que se complique esa transformación del duelo en fuerza
electoral, la esperanza de muchos venezolanos que votaron por Capriles Radonski
puede verse repotenciada por la ausencia del todopoderoso Hugo Chávez. Lo que
se percibe es que mientras Nicolás se arropa en la imagen de Chávez y realiza
fabulosas presentaciones televisivas, Henrique recorre el país con una nueva
especie de mítines tipo asamblea que lo ponen cara a cara con un Pueblo que hoy
duda de la capacidad de Maduro para darle continuidad a la Revolución.
Alerta permanente. La célebre foto del arma apuntando a un
televisor donde aparece Capriles dando un discurso, la teoría de la inoculación
del cáncer, y las supuestas acusaciones de voceros del Gobierno a personajes
políticos de los Estados Unidos sobre planes para “dañar” a Henrique atienden a
una sola cosa: plantar miedo en la dirigencia opositora y en el mismo Henrique,
y peor aún, promover ataques de fanatismo dentro del chavismo radical que
pudiese lanzarse cual kamikaze a defender la Revolución. Y no es solo Henrique
quien está en peligro, el chavismo radical dolido por la pérdida de Chávez fue
capaz de intentar linchar a una periodista colombiana frente al Hospital
Militar el día de la muerte del Presidente, y es capaz de interceptar una
marcha violentamente, como sucedió el día 21 de Marzo en Caracas cuando
encapuchados atacaron a la que se dirigía al Consejo Nacional Electoral. Todo
con el pretexto de “defender la Revolución”.
El candidato opositor que se presenta hoy hizo carrera política en la
Quinta República. Asistió en la Constituyente, tuvo gestiones modelo durante su
período como Alcalde de Baruta, cargo que ganó por dos períodos consecutivos, y
es Gobernador del Estado Miranda desde el año 2008 hasta el año 2017. El apoyo
es evidente. Logró amasar una fuerza electoral que acortó en 10% la brecha
entre oficialismo y oposición con respecto a los resultados de las elecciones
presidenciales de 2006. Henrique Capriles no es un personaje cualquiera. No es
representante de la vieja élite, ni por ser rico de cuna representa una amenaza
para el Pueblo. El Libertador Simón Bolívar nació rico, y liberó casi toda la América
del Sur del yugo español. Venezuela se merece algo mejor, mejor que el
bipartidismo y su élite corrupta, que olvidó su pasado y su propósito, y mejor
que esta otra élite boliburguesa, corruptos de mente que predican socialismo y
gozan el capitalismo. Venezuela merece una nueva política, y una gestión que
nos devuelva verdaderamente nuestra Soberanía, paz y tranquilidad.
Sépitmo, el triunfalismo es mortal para cualquiera de las campañas. Si bien
hemos percibido una buena cantidad de chavistas que no están dispuestos a ser
maduristas, no se debe asumir que es el caso para todos. Las características de
esta cortísima campaña permiten decir que esto será una especie de pelea de
callejón entre los candidatos, que pescan en aguas revueltas. La rectora del
Poder Electoral se puso en evidencia durante el funeral de Chávez como
simpatizante del régimen al usar el brazalete conmemorativo del golpe del 4 de
Febrero, si antes alguien podía decir que no era así, ya está seguro de su
inclinación política. Sin embargo, el rector Vicente Díaz se ha pronunciado a
favor de la oposición en muchas cuestiones, a lo que nadie del sector parece
prestarle atención, y es así porque nada ha influenciado su dirección en evitar
irregularidades que se presentan a diario en el Consejo Nacional Electoral.
En el Consejo Nacional Electoral efectivamente se mueven profundas
influencias partidistas que buscan, como en toda competencia, hacer trampa para
ganar. Aún nadie se explica cómo en 3 centros de votación en el Estado Zulia,
abiertos solo para las elecciones presidenciales del 7 de Octubre de 2012, se
dio el estadísticamente imposible hecho de que el Presidente Hugo Chávez
obtuviera el 100% de los votos mientras que Henrique Capriles no obtuvo ni uno.
Y eso solo en el Estado Zulia. Es evidente que quien lleva las de ganar en esta
situación es el Gobierno. Pero, eso
no significa que la oposición no pueda ganar, y tampoco que se la vayamos a
poner “bombita” al régimen, lo que me lleva a la conclusión de este séptimo y
último punto.
El trabajo que se realiza desde abajo es vital para la victoria de Henrique
Capriles. Quien pueda movilizar, deberá movilizar, y quien pueda hacer
auditoría, deberá hacer auditoría. Es cierto que el CNE se ve casi asfixiado
por el Gobierno, pero no es cierto que pueda manipularse el conteo electrónico
de los votos. Lo dijo Capriles en varias oportunidades después de que, tras
perder las elecciones, sectores de la oposición cantaron fraude por el evidente
abuso de Poder y recursos del que fuimos víctimas el 7 de Octubre. Si a cada
testigo de mesa le es otorgada una copia del acta de escrutinio, es de suponer
que todos los partidos del Gran Polo Patriótico y de la Mesa de la Unidad Democrática
tienen la prueba de los votos emitidos en cada mesa. Esas actas, en el caso de
la oposición, fueron revisadas una por una, escaneadas, y enviadas a una base
de datos universal que fue publicada en la web. Puedo dar fe de ello porque
trabajé en la Torre de Transmisión de Súmate el 7 de Octubre hasta horas de la
madrugada. Los resultados del 7O fueron los que presentó el Consejo Nacional
Electoral.
Entonces, la fulana trampa no se hace en la transferencia de datos, se hace
en el centro de votación. Los guardias nacionales que retrasan el proceso, la
estación del elector, motorizados que rodean colegios y buscan intimidar a los
votantes, las auditorías que deben ser públicas y que se hacen a puerta
cerrada, los multicedulados, la supervisión ilegal del voto, los nuevos centros
de votación en zonas retiradas, y a través de casos como el de Tibisay Lucena
con un brazalete del 4F que buscan profundizar la desconfianza de quienes
adversan al Gobierno en el ente electoral. La trampa y la injusticia se combaten
en el centro de votación, se combate siendo testigo, movilizando, auditando, en
alerta permanente.
Las medidas económicas adoptadas por Maduro, el evidente aumento de la
inflación, el pertenecer al “entorno” inútil, y su falta de carisma (Maduro no es Chávez), son razones por
las que cualquier chavista podría no votar en estas elecciones por él para
Presidente. Mientras que Henrique, en su gira nacional, con tarjeta única, y
con una oposición esperanzada y organizada podría perfectamente ser capaz de
ganar las elecciones. En un período tan corto es casi imposible buscar pruebas
para intentar predecir números, pero esto es lo que percibo, que me desmientan
si estoy equivocado.