No falta el autor trágico que da color a la desmoralización que sufrió la Oposición
venezolana en las elecciones presidenciales del 7 de Octubre pasado. La
confusión reinó entre los creían que ganarían y los que esperaban una “guarimba”
para desmontar el fraude del que fuimos víctimas en el momento en el que, mucho
más temprano de lo que se esperaba, se dio el primer boletín con tendencia
irreversible en la sede del Consejo Nacional Electoral. Ahora todos esperamos
una reivindicación por las miles de irregularidades que se dieron ese día en
todo el país. Los líderes de Oposición salieron a dar la cara por la derrota,
vaticinada por las encuestas meses antes, y por todos los venezolanos que buscaban
salida de un Gobierno autocrático, excluyente y sin idea de cómo brindar
progreso a un Pueblo víctima del mismo clientelismo producto del puntofijismo.
Los partidos del Pacto de Punto Fijo instalaron en Venezuela, y en la mente
del pobre y el pobre de mente, un clientelismo terrible del que seguimos siendo
víctimas desde la llegada de este Gobierno. Antes que erradicarlo, el gobierno
de Hugo Chávez lo profundizó y, con ayuda del populismo más puro, lo llevó a su
máxima expresión. Se ha moldeado una masa electoral que ha sido utilizada como
un arma en contra de todos aquellos que buscan un cambio en el país, pues es
evidente que el que se vino con la victoria del Movimiento V República en 1998,
la llamada Revolución Bolivariana, es un tremendo fiasco que hundió más al
Pueblo en la dependencia que busca secuestrar todas las voluntades del país
para mantenerse indefinidamente en el Poder.
Pero los partidos que en 1958 llegaron al Gobierno también nos dieron a
probar la democracia, una conquista invaluable para Venezuela tras tantos años
de inestabilidad y dictaduras militares. La renovación de liderazgos fue tan insipiente
y virtualmente inexistente que yo pondría en duda la victoria sobre el
caudillismo, mucho más aún cuando quien lleva 14 años en el Poder se ha legitimado, aún con atropellos y abusos, 3 veces electoralmente. Ahora que los
nuevos líderes se han crecido en los espacios que se les ha permitido, los
condenamos por sus blandos discursos y sumisión inexplicable.
La anti política se apoderó de la Oposición a Chávez desde que esta existe,
cuando fue el último quien la puso de moda, para arrasar con la razón y la
estrategia y dar paso al fanatismo y la desesperación. Estamos desesperados por
que Chávez salga del Poder. Muchos aseguran que jamás saldrá por la vía
electoral. Condenamos el discurso de nuestros líderes tras la derrota porque no
obtenemos de ellos la anti política tradicional, la política imposible de
llevar a la práctica sin Chávez y de la que seremos esclavos hasta el 2000-siempre
sino organizamos la resistencia seria que lleve a los Tribunales a los bandidos
que ocupan el Poder.
La resistencia se construye con Unidad. Desde 2008, dos años después de
otra derrota, la Oposición se reunió en torno a nuevos partidos, con nuevos
liderazgos. Los nuevos líderes para muchos no son suficiente, ninguno está a la
altura de las expectativas. Difiero de esos muchos, tan concentrados en caminar
por la calle del medio y de la “autocrítica” que olvidan el propósito de toda
la aventura. Mantengo que el liderazgo que se logró edificar y consolidar sobre
Capriles Radonski es de naturaleza única, y que el crecimiento de la Oposición
ha sido tal que no podemos hablar de derrota. Todos jurábamos con nuestra mano
sobre la Biblia que Venezuela había sufrido bastante en estos 14 años, que
había sucedido todo lo que llevaría a este régimen al cadalso, pero no es así.
Falta sufrir y caer otras veces antes de que se presente la posibilidad de
vencer el yugo dictatorial de estas masas moldeadas de corazón sin razón.
Desconcertados por el discurso en el que no consiguen lo que quieren, dicen
que hay un pacto secreto, que se vendió al país para apostar por la
supervivencia característica de la anti política. Con esto mismo podríamos
asegurar que no existe proyecto alterno, que eso que llamamos alternativa
democrática es una sanguijuela que no sobreviviría sin Chávez ni pretende
hacerlo. Votamos todos por unos cobardes incapaces de hacerse cargo de un país
que quedará en ruinas después de tantos años de arrojar dinero a bolsos sin
fondo, millones de dólares en subsidios y la destrucción del aparato productivo
humano e industrial.
Antes que aceptar la derrota preferimos creer esto, creer que no hay
esperanza y que todo por lo que trabajamos es en vano. Incapaces de aceptar que
aún falta camino por recorrer, recurrimos a la desmoralización y el derrotismo.
Destruimos a nuestros propios líderes, los únicos en capacidad de hacer algo y
que han hecho tanto por vencer todos los días un poco más el centralismo, el
autoritarismo y el ventajismo con el que este Gobierno ha hecho del Estado su
hacienda particular. Seguimos derrotando los abusos de este Gobierno, seguimos
sumando voluntades a la causa del cambio, de la paz y la evolución. Debemos seguir ampliando la Mesa y el proyecto, y luchando por denunciar el abuso y ganar nuevos espacios, para obtener la verdadera victoria.
Ha sido y será un largo camino, hemos llevado muchos golpes y hemos caído,
pero nos volvemos a levantar. Las victorias que hemos obtenido a través de la
organización y la verdadera afiliación por una causa no pueden dejarse perder. Seguimos
luchando por un futuro mejor, por la nueva forma de hacer política, lejos de la
anti política, el puntofijismo y el actual régimen resentido y lleno de odio.
No habrá obstáculo, de donde sea que venga, que no podamos derrumbar, porque
Venezuela quiere un verdadero cambio y quiere Progreso, no quiere más
enfrentamientos pasionales y románticos sino la reconciliación, y quiere buscar con la razón su propio
camino.
Y como dijo Stalin: "¡Ni un paso atrás!"


