Dos semanas después de las primarias, el ambiente festivo se ha esfumado
para ser reemplazado por un nerviosismo, inseguridad y rotunda negación a la
confrontación, todas reacciones infundadas por los rumores sobre la salud
presidencial. La verdad es que quién sea lleva las riendas de la campaña a la
reelección de Hugo Chávez está jugando con fuego, sea él mismo o sea un asesor
tercero.
Tras los 3.059.024 electores que votaron en las primarias de la Mesa de la
Unidad Democrática, la exagerada reacción de las huestes del gobierno, y posteriormente,
la del Presidente, provocó confusión en sus seguidores. El mismo día en que
fueron anunciados los primeros 2.900.000 votantes, Mario Silva y Jorge Amorín,
conductores del programa “La Hojilla” al aire en la televisora estatal Venezolana
de Televisión (VTV), afirmaron que esa cantidad de votantes era una
improbabilidad matemática. Al tanto de ello o no, ambos locutores, al decir
esto, afirmaban que los 10 millones de votantes de las elecciones
parlamentarias de 2010 eran estadísticamente imposibles. Luego, un par de días
después, conmemorando el Discurso de Angostura en cadena nacional de radio y
televisión, el Presidente de la República lanza su primer discurso post-electoral,
aún en su inamovible posición de defensor de los derechos de la clase baja en
guerra a muerte contra la tirana burguesía de la ultra derecha. Entre líneas,
reconoció no solo la importancia de las primarias del 12F, sino que en toda su
elocuencia, supo establecer que 3 millones de votantes eran perfectamente
posibles de lograr.
En medio del discurso y las descalificaciones, hizo saber que “no sabía”
las condiciones en las que se realizarían las elecciones primarias. No solo
tiene la osadía de decir que “ha llamado la atención “ a la rectora del Poder
Electoral, Tibisay Lucena, por aceptar las condiciones que estableció la Mesa
de la Unidad Democrática para la realización de las primarias, sino que también
asegura que en su régimen no hay persecución, y que no había razón por la que
incinerar los cuadernos de votación, haciéndose el que no sabe nada de la Lista
Tascón. Aun habiendo sido aprobadas en Marzo de 2011 las normas por las que se regirían
los comicios, el Tribunal Supremo de Justicia hace saber, un día después del
12F, de una medida cautelar para que no se quemaran los cuadernos, que ya estaban
a media pira; claro: sin ninguna intención “política”. De manera que hace una
serie de acusaciones contra los dirigentes de oposición para que no
irrespetaran las decisiones “apolíticas” del Poder Judicial ¿La división de
Poderes existe aun o no?
Pero la cuestión de las matemáticas, pienso yo, es la más interesante.
Lo cierto es que desde la votación de la reforma constitucional en 2007, la
oposición no ha perdido una sola elección, a excepción de aquella de la
enmienda constitucional en 2009. Ya había establecido antes que en las
elecciones regionales de 2008, la oposición mantuvo las gobernaciones del Zulia
y Nueva Esparta, y recuperó los estados de Táchira, Carabobo, Miranda y todos
menos uno de los municipios del Distrito Capital, la Gran Caracas. En estos
estados, además del Estado Lara (que también se volcó al bando opositor poco
después de esas elecciones), se concentra prácticamente la mitad de la fuerza
electoral de Venezuela. De manera que, aun ganando más Estados y más
Municipios, el oficialismo se quedó con solo la mitad de la fuerza electoral. Sin
embargo, este último, como todo gobierno populista, come mucho con números, comprendiendo
poco sobre el significado de esos espacios.
En las elecciones parlamentarias de 2010, bajo la bandera de la Unidad, la
oposición recuperó 65 puestos en la Asamblea Nacional. El resultado de 2010 se
debió solo a la injusta disposición de los circuitos, pues la oposición obtuvo
50% de los votos a nivel nacional. Constitucionalmente, el sistema electoral
venezolano debe ser proporcional, pero la famosa técnica del Jerrymandering le valió al Partido
Socialista Unido de Venezuela (PSUV) 98 escaños, aun después de sacar 5.399.574
contra los 5.642.553 obtenidos por los diputados de tendencia opositora. Si
hubiese sido una elección presidencial, Hugo Chávez hubiese perdido. Además, después
del terrible error de retirarse en 2005 de las elecciones parlamentarias, la
oposición no solo recuperó terreno, sino que logró arrebatar la mayoría
absoluta al partido de gobierno, que hacía y deshacía según la voluntad del
presidente. Aun conservando mayoría calificada (98 curules), obtuvieron menos
votos y perdieron la mayoría absoluta.
Ahora, en estas elecciones primarias, aseguran que con 3 millones de votos
no se ganan unas elecciones presidenciales. Eso es cierto, pero siguen sin
comprender el significado de los hechos. En las primarias del PSUV para las
elecciones parlamentarias obtuvieron 2 millones de votos, y con eso tampoco se
ganan unas presidenciales. Para unas elecciones primarias la abstención
prevista es monumental, porque, por naturaleza, son comicios a los que asiste a
votar solo el ciudadano comprometido. Si 3 millones asisten a unas primarias, la
cantidad que asiste a unas presidenciales por la misma intención de voto es de al
menos el doble.
La abstención en Venezuela, desde las elecciones para la reforma
constitucional, ha ido en picada, uno de los indicadores más fuertes de la
democracia. No creo que quepa duda de que con optimismo y con la misma línea
confrontación cero, la oposición ganará otra elección. La exagerada reacción de
Hugo Chávez ha causado la aun más tranquila reacción de Henrique Capriles
Radonski, candidato de la Unidad, que entiende que no puede enfrentarse aún, ni
hacer campaña, porque no ha llegado la fecha prevista por el Consejo Nacional
Electoral para el inicio de la contienda.
Mientras tanto, el Presidente partió a Cuba para una intervención
quirúrgica en medio de una despedida solemne y gris para endulzar la eventual
tragedia, o el regreso triunfal. Se nota a lenguas
que es año electoral.
