Tuesday, May 31, 2011

El Patriota


Llega el momento en la vida de todo hombre en la que debe decidir si se suscribirá al paquete HD de su proveedor de televisión satelital o si comprará el PlayStation 3 con el reproductor Blu Ray de sus sueños. No es una decisión fácil. El paquete HD lo proveerá con canales en alta definición para cada una de las Ligas de fútbol que sigue, además de las previas para los partidos más importantes, el calendario de fechas, posiciones y estadísticas. Sin embargo, cuando no haya algún partido que ver no le dará uso, y el PlayStation 3 estará para jugar los últimos juegos de video y ver películas Blu Ray. Tener ambos no es una opción, porque el amigo en cuestión no tiene el dinero.

El tiene un amigo socialista, y sí que lo tiene, al que le pedirá que lo ayude a tomar esta decisión. Antes de hacerlo se imaginó su reacción, el se indignaría con lo vacío y absurdo de su problema, si es que acaso lo consideraría un problema per se, después le diría que habían niños muriendo de hambre en Angola (y sí, los hay). Lo siguiente que haría sería pedir un poco de perspectiva como Hugh Grant le pidió a Julia Roberts en la película Un lugar llamado Notting Hill.

Este hombre empieza a pensar en que tal vez tendría razón y que probablemente tendría que ser un poco más considerado y preocuparse por cosas que tuvieran algún efecto en el mundo que lo rodeaba, como ser voluntario para algo o ayudar a organizar algún evento para recaudar fondos y ayudar a crear conciencia sobre el SIDA y el tabaco. Tal vez debería pensar en dejar algunos planes como irse del país a hacer vida en Europa y canjear su libertad por un trabajo que le asignase el gobierno para y por la Patria, que lo necesita, atrapado en el tiempo, y pasar su vida casado con una mujer correcta, de buena familia y dispuesta a reproducirse como hámster para dar hijos a la Patria. Pocas cosas se comparan con ayudar a los demás o tomar la decisión correcta, pero hay una gran diferencia entre tomar la decisión y que sea tomada por ti.

Un hombre no debe ser muy viejo para darse cuenta de que existe un grupo de personas, socialistas o no, que hacen alarde del control que piensan ejercer sobre sus vidas. Suelen “aconsejarte” sobre qué hacer con tu vida, qué pensar y qué está bien o mal; creen que sus experiencias, que los han hecho saber tanto, son universales y aplican a cualquier estilo de vida o mente. Vienen en familias de tres, con trabajos estables, una pensión asegurada, seguro social, seguros con buena cobertura, autos y casa sin créditos y, si no ninguna, máximo un par de deudas. Van por ahí orgullosos de quienes son e intentando convencer a algunos de que ese es el mejor camino, que los sueños son tonterías y que no valen la pena, que hay carreras que no pagan las cuentas y amores que no valen los planes perfectos. Que no vale la pena arriesgarse por un cambio y que el voto es lo único que le garantiza que cumple con su deber. Y, curiosamente, son los que más se complican con un problema sencillo.

No, alguien como aquel a quién pediría consejo no era el que estaba buscando. Debería decidir solo si dar la libertad por la Patria o si ella debía darla por él. El querer llama, ¿o es el deber? El amigo socialista nunca supo del problema que él tenía porque nunca se lo dijo. ¿Para qué le iba a preguntar si ya sabía lo que diría? Lo repasó todo de nuevo en su cabeza, dio con el significado de la vida, sonrió, y escogió el PlayStation.